Hace unos meses me hicieron la pregunta si quería morir joven o anciano. Rápidamente respondí: "Quisiera morir joven". La mayoría de los que estaban a mi alrededor pusieron su mejor cara de asombro y probablemente pensaron que estaba diciendo atrocidades para caer en una polémica.


Sin embargo, desde siempre, he pensado que debería morir joven. No es que quiera plasmar acá un discurso de un tipo inmaduro, desilusionado de la vida o que tiene su mundo de cabeza, simplemente, creo que después de cierta edad es mejor partir a ver cómo todo se va descomponiendo a tu alrededor.

Cuando llegas a un punto en el que tomas una dirección en la carretera de la vida, es difícil devolverte porque el tiempo que se va jamás vuelve. Debes afrontar los resultados de tus decisiones con entereza, fuerza y esperar las consecuencias de lo que hiciste.

Por ese sentimiento de ver cómo todo ocurre, es que quisiera morir joven. Así evitaría ver cómo se van aquellos que más quiero, cómo mi cuerpo se deteriora o como algunas personas que están a mi lado cada día van cambiando más y más para irse como llegaron: siendo unos desconocidos.

Sin embargo, como no todo es malo, sí me gustaría pedir algunas cosas sencillas antes de partir (como la película que protagonizaron Jack y Dios):

 - Un abrazo sincero bien fuerte de esos que te pueden partir los huesos
- Nadar en una piscina durante todo un día o dos
- Que mi gato #Califernando a.k.a. Calimero Fernando me hable y me diga todo lo que piensa (sé que esto es imposible)
- Como dice la canción de Café Tacuba, que me inviten a sentarme junto a ella para que de una vez por todas me diga sus secretos más ocultos
- Manejar a más de 200 kilómetros por hora para sentirme libre

 Espero que algún día antes de irme, algunas de estas cosas de esta lista se cumplan. Seguramente, Calimero Fernando será el primero en hablar.