rachel mcadams
Cuando era joven, apuesto, un poco más flaco y con unos 10 años menos tuve la oportunidad de conquistar a Rachel McAdams, me quedé con su corazón por un tiempo pero por una razón u otra, la perdí para siempre y ahora solo debo conformarme con verla en cualquier película que se aparece en mi caja mágica.

Y no estoy mintiendo, bueno un poco. No era Rachel McAdams, sino un versión morena de la actriz. Tenía una sonrisa que iluminaba todo lo que la rodeaba, una mirada de esas como las que destruyeron a Ryan Gosling en The Notebook y una actitud de niña que Rachel tiene en casi todos sus trabajos.

Al ser plenamente feliz, comenzábamos a jugar cualquier estupidez como la verdadera Rachel lo hizo en Wedding Crashers, incluso una vez tuvo el tupé de estornudarme en la cara. 

La vida con ella era tan divertida, que había días que me provocaba retroceder el tiempo y volver a vivir lo mismo una y otra vez, como lo hizo el protagonista de About Time cuando se casó con el personaje de Rachel. 

También mi Rachel poseía un carácter de los mil demonios. Cuando se molestaba, podía hacerme sentir pequeño pero luego con una palabra de aliento me ayudaba a crecer de nuevo. Era quisquillosa, un poco amargada, pero qué mujer no lo es. 

Tal vez ya estoy senil. Seguramente a ella le han pegado los años y ya no se parece en nada a la verdadera Rachel. Pero mi Rachel, tenía una quijada pronunciada, el pelo corto y un poco ondulado, era con una estatura de aproximadamente 1,63 mts y un cuerpo no tan curvoso, pero tenía lo suyo.

Sí, ella era mi Rachel y la dejé ir. Seguramente nunca lea esto o cuando lo haga crea que soy un tarado, porque probablemente ya consiguió a su Ryan Gosling y yo solo me quedé para soñarla frente al TV. 

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