El cuarto estaba oscuro. El olor a sudor, flujos desconocidos y sábanas mal lavadas creaba una atmósfera que invitaba a todo, menos a un intercambio de roces, cuerpos y supuesto amor.


Rápidamente te desnudaste. No dejaste ninguna posibilidad abierta para tocarte. Te quedaste tan solo con un juego negro de ropa interior.

En medio de la poca luz que había, sentí cómo me tocabas, jugabas con mi cuerpo y disfrutabas. Al final, quedamos dormidos allí y al despertar, descubrí que te habías ido.

Todo era para tu beneficio. Me vestí, salí de allí e intenté buscarte. Más nunca te encontré.