20 octubre, 2017

¿Quién soy?


Soy parte vital en el cuerpo de una mujer. Ayudo a la vida y también colaboro con el placer. Tengo un hermano gemelo y aunque estamos muy cerca el uno del otro, casi nunca podemos acariciarnos o tocarnos.
Al principio soy pequeño, una mancha diminuta en la piel pero a medida que el desarrollo avanza soy mediano, circular y nunca soy igual en dos mujeres.

Cuando hay frío me levanto, me pongo sensible y me ven a través de la tela. Cuando el calor hace de las suyas, me voy a descansar. 

Durante el encuentro sexual me pueden morder, me lamen, a veces parece que me quisieran arrancar, pero si me acarician con suavidad, puedo ser una fuente de sensaciones sin igual.

Si el sexo es muy fuerte, puedo marearme por el vaivén y el movimiento, una sensación parecida a una montaña rusa, saltando de aquí para allá.

Al nacer un niño soy la fuente de su alimento. Me muerde, pero si chupa bien, le daré todo los nutrientes que necesita durante unos meses o incluso un par de años.

Ese soy yo. Ese que resiste durante toda la vida de la mujer y hoy es sinónimo de feminidad, a veces prohíbido y otras veces adorado, pero sin duda, sin igual. 
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