20 agosto, 2018

Un nuevo mundo

Lo había perdido todo. Comencé a sumergirme en ese océano infinito con la intención de perderme bajo el agua, apagar cada uno de mis sentidos hasta que la escaza humanidad que invadía mi cuerpo se muriera por completo.

La sensación era intimidante. Oscuridad, frío, cero gravedad y sonidos desconocidos llegaban con perfecta claridad. Mantenía la respiración queriendo ahogarme, pero algo no me lo permitía.

De repente, frente a mí, pude ver una mujer hermosa que me miraba fijamente. Nadaba como si estuviera bailando, me hacía señas para que me acercara y lo hice. Tomé su mano y rápidamente me llevó hacia lo más profundo.

Atravesamos un hoyo negro y de repente, el mar era el cielo y nosotros comenzabamos a caer hacia una tierra desconocida.

Solo estabamos ella y yo en ese nuevo mundo. Los peces volaban por encima de nuestras cabezas, el sol parecía distante y cada cierto tiempo las olas chocaban con la tierra.

Sentados en ese lugar desconocido, me lo confesó todo. Me había elegido para ser el creador de una nueva humanidad, de una nueva raza. Tal vez así todo tendría sentido.

18 agosto, 2018

Enigma


No podía dormir. Miraba el techo, daba vueltas sobre mi cama, todo me parecía tan monótono y oscuro. 

Luego la recordé. Sus tatuajes, su ropa negra y su lunar cercano a sus dos "poderosas razones". Todo fue tan placentero que pude dormir, relajarme y entregarme a los brazos de esos sueños de cosas que no se repetirían.

Ella era un enigma. 

15 agosto, 2018

Jesse Pinkman y Walter White: Amor destructivo


El amor es energía, causa y efecto, una reacción en cadena. Generalmente cuando hay amor, también existe odio. El amor es el yin y el yang de nuestra vidas.

Por amor podemos crear cosas hermosas, pero también por amor podemos matar. El amor en sí es una contrariedad porque no sabemos cómo surge, de dónde viene, si crece o disminuye, el amor es una duda eterna que cuando llega a nuestro corazón empieza a envenenarnos como un virus. 

El mejor ejemplo del amor son Jesse Pinkman y Walter White, esos dos personajes de ficción que cambiaron para siempre la historia de las series de TV. Nos enseñaron tanto del poder que puede tener una relación afectiva: puede construir cosas buenas, pero también puede arrazar con el mundo entero. 

Walter White fue víctima del amor que sentía por su familia y también fue victimario, al moverse por su amor propio. Walter sentía amor paternal por Jesse, pero a la vez llegó a destruir a ese hijo pródigo al pensar solo en sí mismo. 

Walter demostró que amando se puede destruir, se puede envenenar y se puede mover a las personas como si fueran títeres. 

Jesse Pinkman por su parte sufrió por amar a su mentor, por admirarlo y por querer seguirlo como un hijo sigue a un padre. Jesse también fue victimario al entrar en la oscuridad de la muerte y dejarse llevar por sus demonios. 

Jesse amaba a Walter hasta tal punto, que terminó odiándolo, lo odió tanto que no pudo matarlo. Porque matar también puede ser amor, al darle la posibilidad a alguien de terminar con su sufrimiento. Jesse, no pudo, terminó amando más su libertad.

La mayor víctima que dejó ese amor entre Walter y Jesse fuimos nosotros, los que disfrutamos la serie viendo como un personaje pasó de ser inocente a un demonio y como el otro pasó de ser un simple adolescente a un atormentado por su pasado.

Eso es el amor, nos convierte en víctimas y victimarios. Pasado y futuro, presente y pasado. El amor está en todos lados.

13 agosto, 2018

09 agosto, 2018

Renacimiento


Mi vida son retazos. Nunca he podido cumplir algo en concreto. Siempre hay caminos andados a medias, espacios por donde se escapan secretos, partes de sueños sin cumplir, todo está por pedazos.

Si me dedicara a recoger todos los trozos de mi vida, podría construir un nuevo yo, una especie de muñeco de trapo lleno de cicatrices, botones en los ojos, una boca cosida para no decir tantas estupideces y sin genitales, porque ellos son malos consejeros. 

Ese muñeco comenzaría desde cerro. Acumulando experiencia y a medida que aprendiera algo nuevo, se convertirías en una persona de verdad. Algo así como un Pinocho de la nueva era. 

Al final cuando ya estuviera formado como un ser humano, le daría una pistola para que me disparara y tomara mi lugar. Esa es la única forma que veo para seguir adelante.

07 agosto, 2018

Tinieblas


Lo intentaba y no podía. Aunque quisiera continuar, era inevitable caer en ese pozo profundo que me llevaba hacia lo más oscuro de la tierra.

Unas manos invisibles me atrapaban. Grité pero nadie me escuchó. Al final mis lamentos se confundieron con las de todas las almas del infierno.

Allí estaría en las tinieblas, gritando para siempre.

05 agosto, 2018

Clones


Fue un orgasmo placentero. Luego de unos cuantos minutos en un subibaja en mi entrepierna, le di descanso a mi mano izquierda, me tendí desnudo sobre la cama y observé la gran mancha que habían dejado mis futuros hijos en la pared.

03 agosto, 2018

Bellezas de la ciudad

No sé cómo llegué al borde. Desde allí podía ver toda la ciudad, a su gente caminar como hormigas, sus grandes espacios verdes llenos de árboles y uno que otro río que la atravesaba.

Sentía que necesitaba hacer algo, era un sentimiento que me estaba empujando a saltar, a volar, a flotar como una pluma en ese espacio citadino tan hermoso.

Di el paso. Me dejé caer, abrí mis brazos para sentir como el viento pegaba contra mí. No tenía miedo por lo cercano que estaba el piso. A pocos centímetros de chocar contra él, unas manos invisibles me tomaron y me lanzaron hacia arriba.

Comencé a rebotar. Al llegar al cielo caía y cuando me acercaba al suelo, volvía a subir. Me encantaba esa sensación de vacío en mi estómago, como todo lo que me rodeaba daba vueltas en caída libre.

Me acercaba a los árboles, atrapaba sus hojas entre mis manos y volvía a saltar hacia el cielo. Era impresionante poder observar el mundo así, como si estuviera en un trampolín infinito.

De repente la vi, era una personita diminuta que me hacía señas. Al principio pensé que me estaba llamando, pero simplemente me estaba apuntando con una cámara. Al parecer había captado mis saltos gigantescos en esa ciudad tan loca.

A medida que iba cayendo comencé a planear hacia ella, no quería que las manos me devolvieran hacia arriba, quería quedarme junto a esa desconocida que notaba mi presencia. Caía, caía y cada vez estaba más cercana.

Temí estrellarme contra el piso y aplastarla, pero no, como un milagro comencé a flotar lentamente y quedé parado junto a ella. La tomé de la cintura y nuevamente las manos nos volvieron a lanzar hacia arriba, ahora tenía una compañera, alguien a quién enseñarle todas las bellezas de la ciudad.