02 octubre, 2017

La nada


Tengo cables de alta tensión pegados a cada una de mis articulaciones. De pronto siento una descarga que me eleva, eleva mi mente.


Veo mi cuerpo sobre la cama, pero igual estoy volando. Traspaso el techo. Mi vecino está cocinando, su casa es desordenada pero hermosa. Sigo subiendo. Piso 4. La señora ve el tv, su esposo en el sofá y el perro corriendo. No me fijo mucho en ellos. Quiero llegar pronto al piso 5.

La chica atractiva está dándole comida a sus perros, que son lo que menos veo. Ella está solo en ropa interior rosada, su piel es muy blanca y está gordita en los lugares necesarios. Quisiera quedarme, hacerle muchas cosas, pero me sigo elevando.

Desde arriba aún sigo imaginando a la chica gordita, ahora difusa por el techo del edificio. Veo antenas, muchas antenas. La ciudad está oscura, sin embargo, me fijo en los lugares conocidos. El centro comercial se ve diminuto, todo comienza a ser tan diminuto.

Sigo elevándome. Atrás quedaron la chica gordita y mi edificio. Ahora veo claramente lo que muchas veces me obligaron a dibujar en el colegio. Un mapa con muchas luces, relieves, texturas. Veo el mar. Es una sábana negra. Demasiadas estrellas. El mapa se hace más grande, el mar más grande.

Ya no veo un mapa, veo una inmensa bola azul rodeada de un espacio infinito. Las estrellas, la basura espacial. La luna, parece que puedo tocarla. Me elevo, sigo elevándome. El espacio es infinito. No hay ruido, pero sí muchas estrellas. Me elevo hasta el final. Hasta la nada.
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