Hoy el deseo, las ganas y mi instinto animal fueron más poderosos que la razón, y me hicieron llamarla para al menos verla e invitarla a algún paraje solitario donde pudiéramos evocar buenos recuerdos.

Así fue que nos encontramos, ella estaba realmente preciosa con su piel de porcelana ataviada sutilmente con un vestido turquesa, unos jeans y los accesorios que usualmente usa una mujer. Yo por otro lado, estaba simplemente cotidiano, una franela con un claro mensaje sobre mi día a día: “Estoy harto”, unas bermudas y unos zapatos deportivos.

Nos sentamos en aquel paraje solitario donde muchas veces habíamos soñado con tener un hogar, y en el que jugueteábamos sobre una roca a tocar nuestras pieles y a observar en el horizonte la ciudad totalmente contaminada, pero hoy fue un día diferente, porque mis deseos salvajes florecieron y sintieron “la necesidad de destruir algo hermoso”. Así que, mientras la besaba suavemente por la cara, mis manos se deslizaron firmemente por su cuello hermoso, presionando y sintiendo como su corazón y el flujo de su sangre a través de sus venas se aceleraba, sus ojos se abrieron asustados como los de un animal indefenso que se hace millones de preguntas en un segundo.

 Continué presionando con mucha mas fuerza sobre su cuello, mientras sentía como el aire y la vida de aquel cuerpo celestial se iba esfumando, y luego de unos minutos sus ojos quedaron blanquecinos y fijos en mí, sus rosados labios fueron tornándose pálidos y su corazón, aquel que tenía muchos sentimientos guardados sobre mí, dejó de latir. Coloque su cuerpo inerte sobre la roca, con los ojos abiertos hacia el cielo infinito, donde seguramente su alma ya descansaba, y me fui.

Al fin había logrado lo que deseaba, tener el placer de destruir algo hermoso y perfecto…