24 nov. 2016

…Existir sin existir…

He crecido en la era digital. Desde muy niño pude interactuar con una computadora personal, me dediqué a conocerlas, a trabajar con ellas y lamentablemente, las convertí en mi ventana hacia el mundo en todos los sentidos.

Hoy puedo decir, sin ánimos de caer en polémica, que tristemente son un arma de doble filo. La era digital te enseña lo mejor y lo peor de la gente: por una parte, te puede dar todas las herramientas para ser "sociable", pero por el otro te aísla de tal manera que te sientes caminando en las sombras, observando el silencio sepulcral de los que te rodean, a tal punto, de ser ignorado.

Ser ignorado por alguien es que te condenen a un plano oscuro, a estar muerto en vida, a querer gritar sin tener voz, a existir sin existir. 

El ignorado se siente como una planta, una planta que recibe sol, respira y recibe agua a través de pequeños huecos. Sin embargo, esa planta está condenada a morir lentamente.

Las migajas no son suficientes, así esa planta reciba agua, sol y tenga tierra, el tiempo la irá destruyendo porque le falta algo más. Le falta atención, cariño y un poco de tacto.


Ser ignorado es exactamente eso, esperar por un final que llega tan lento como la muerte misma.  

21 nov. 2016

...¿Por qué lloro al ver Forrest Gump?...


"La vida es como una caja de bombones", de esa forma - bastante sencilla - la mamá trataba de explicarle a Forrest Gump cómo funciona el juego de azar que se inventó Dios a la hora de lanzarnos a este mundo.

Y es que de eso se trata esa obra de arte protagonizada por Tom Hanks en 1995, mostrarnos de una forma básica qué estamos haciendo día a día con nuestras vidas.

Forrest Gump es un experto en cualquier tema que nos esté preocupando. Nos enseñó que el amor perfecto, a primera vista y completamente imposible sí existe. Ese amor que si tienes oportunidad de conocer, experimentar y vivir, te hará completamente feliz por un corto tiempo pero absolutamente miserable por el resto de tu paso por la tierra. Todos hemos tenido una Jenny a nuestro lado. 

Forrest también nos mostró la verdadera amistad, esa que yo en 32 años de vida no he logrado cultivar pero que a veces - lo confieso - envidiaría tener. Su relación con Buba, el de los labios gigantes, confirmó que no es necesario pasar mucho rato junto a alguien para descubrir que puede ser "tu mejor buen amigo" y sí, así como lo descubres también puedes perderlo. Tuve mi "buen mejor amigo", y así como Buba, se fue repentinamente y no le pude contar muchas cosas.

Con sus piernas medio tiesas y pasos alocados, sus palabras directas e inocencia casi tonta, que lo llevó a ser tildado como estúpido por muchos, Forrest también pudo cambiar el mundo. Triunfó en Vietnam, conoció a casi todos los Presidentes de Estados Unidos - que lástima que no pudo estrechar la mano de Donald Trump o a Obama -, llevó a Elvis a la fama con sus pasos de baile y le dio la idea a John Lennon para escribir Imagine.

La vida de Forrest fue como esa pluma que flotaba por el cielo a inicio de la película; plácida, tranquila y llevadera. Confieso que quisiera tener una vida así, para dejarme llevar y lograr cosas de manera imperceptible.

Forrest Gump es perfecta por eso, porque nos demuestra que podemos ser felices sin necesidad de esperar nada, sin buscar, sin encontrar, solo siendo nosotros mismos.

15 nov. 2016

...Hablemos de negritud...


El color negro existe y no es tan malo. De hecho, creo que es uno de los colores que más ofrece libertad a la hora de liberar la mente, por qué, porque es una ventana para pensar en cualquier cosa que se te ocurra.

Incluso una vez alguien me dijo que el mejor truco para dormirse rápido al echarse en la cama, era imaginarse rodeado de puras paredes negras. Nunca lo he probado, porque sufro de pensamientos recurrentes y remordimientos que no vienen al caso.

El punto es que el negro como color o como palabra no es algo malo, ni negativo. Sin embargo, dentro de la sociedad hay una falsa creencia de que ser negro es malo, que atrae la mala suerte, que es satánico y pare usted de contar.

En un país como Venezuela, si eres mujer y te dicen "negra", no lo debes ver como algo despectivo sino más bien como algo chévere, porque generalmente las negras son las que tienen el sabor tropical en sus venas, están llenas de curvas y por donde pasan hacen que varios ojos se volteen 180 grados.

Y si eres macho, seguro que si alguien te dice "epa negro" es porque te considera uno de sus mejores amigos. El negro es el que resuelve todo, el alma de la fiesta y el que baila hasta que el sol sale.

Ser negro no es malo, bajo ningún concepto. Hay muchos negros que han quedado para la historia como ejemplo de rectitud, perfección y excelencia: Barack Obama, mejor Presidente; Cassius Clay (Muhammad Ali), mejor boxeador; Michael Jordan, mejor basketbolista, Jimi Hendrix, excelente guitarrista, entre muchisimos otros.

Entiendo que en ciertos países hay grupos que se ponen sabanas en la cabeza y te quemaban (o tal vez en presente) si eres negro, que aún hay cierto neoracismo corriendo por las calles del mundo pero...creo que los que se ofenden cuando le dices negro a una persona, son tan racistas como los del KKK, porque muy dentro están separando lo blanco de lo negro, lo bueno de lo malo.

Ser negro es ser igual a lo demás, cuando lo empiezas a diferenciar es cuando comienza el racismo y los problemas. Así que hablemos de negritud y dejemos de un lado los prejuicios, ser negro es ser genial.

28 oct. 2016

...Al filo de la cumbre...


Cuando cruce al más allá, quisiera hacerle a mis seres queridos una pregunta: ¿Recuerdan lo último que vieron antes de morir?

No sé ustedes, pero creo que puedo decir con exactitud lo que se refleja en los ojos del asesino en el momento exacto en que te quita la vida.

He estado en esa situación incontables veces. Cada día, desde que me levanto, es una constante lucha por alcanzar la cima de mi Monte Everest personal. Comienzo lentamente, sorteando obstáculos, saltando sobre rocas y ganando puntos a mi favor.

Tropiezo con esos ojos que están en el tope de la montaña, que me miran como un águila a su presa, pero trato de no pensar en ello y sigo.

Su energía negativa me debilita un poco, pero trato de compensarlo imaginando el paraíso: violines, arpas, baterías, voces celestiales y la luz de la cumbre.

Estoy cansado, a pesar de repetir día tras día la misma ruta, mi cuerpo no se acostumbra y se debilita. Agotado veo desde un rincón cómo el sol se empieza a esconder, justo allí, veo que crece una flor en la tierra y me enamora.

La tomo en mis manos, la guardo y pienso plantarla en la cumbre. Casi estoy llegando, he logrado sortear los obstáculos y ya comienzo a imaginar mi alegría, mi felicidad al llegar al tope desde donde ella me miraba; sin ayudarme, sin lanzarme al menos una cuerda o darme palabras de aliento.

No la juzgo. Pienso que ella también ha estado en una lucha interna, escalando su propia cumbre y por eso no ha tenido oportunidad de ver mi esfuerzo. Estoy seguro que cuando llegue a su lado, me ayudará y podré descansar.

Pero todo es muy distinto. Cuando ya estoy con mis dos manos sujetando el filo de la cumbre, con mis dedos sudorosos y con mis ojos en sus ojos esperando por su mano amiga, nada ocurre. Su mirada es fría, comienza a reflejar el fuego de la ira y solo puedo escuchar reclamos.

A pesar que ha visto mi valor, mi esfuerzo y mis ganas por llegar a ella, no intenta ayudarme para evitar que caiga al fondo del precipicio del que vengo.

Sus críticas son como balas: no diste el paso que yo esperaba, tardaste demasiado, sigues tomando la misma ruta y no la cambias, fallaste otra vez.

Como última esperanza, recuerdo la flor. A tientas se la ofrezco, sus ojos cambian a ternura y finalmente veo el cielo en su cara, con sus gestos de niña me dice que me tomará en brazos y aliviará mi cansancio.

Toma la flor entre sus manos, la huele y me da las gracias. Está contenta. Pero eso dura solo unos segundos. Luego de aspirar su aroma, la lanza al vacío y con sus pies comienza a aplastar mis manos.

Trato de resistir, pero inevitablemente caigo.

A medida que mi cuerpo se acerca al fondo del precipicio, recuerdo su cara al ver la flor. Ese es mi regalo, mi único recuerdo al morir y el que me dará energía para intentarlo nuevamente cuando vuelva a salir el sol. Tal vez, en esa oportunidad tenga suerte en la cumbre. 

24 oct. 2016

...El rompeolas...


Hoy me di cuenta que soy una piedra en un rompeolas. Cada día veo salir el sol con su fuerza, su brillo y la energía que le imprime a la tierra.

Mientras espero que suba la marea, para atropellarme con una fuerza impresionante, miro directamente al horizonte para imaginar qué hay más allá de esa línea de fantasía. Los barcos pasan lentamente, las gaviotas revolotean en círculos y las olas comienzan a llegar.

La marea va subiendo, comienza a ahogarme pero ya estoy acostumbrado. Los cangrejos caminan sobre mí y me quitan algunos pedazos, pero ese es el ciclo de la vida: dar para recibir.

Sigo soñando con el horizonte cuando viene la gigantesca ola que día tras día me impacta como un huracán. Me golpea con tal fuerza que pareciera querer quitarme de su camino, al ver que sigo allí, retrocede y nuevamente me golpea.

Yo, al ser una piedra moldeada por energía, ganas y esperanza, permanezco firme ante sus atropellos. El resto de la tarde es una lucha entre esa ola y mi cuerpo. Me da un golpe y retrocede, trata de ahogarme y quemarme con agua salada, pero aún sigo con mis ojos bien abiertos.

Al final de la tarde, la ola comienza a cansarse y pasa a ser una leve marea. El sol cae y todo se torna oscuro, los pájaros se van y el horizonte se apaga, quedando tan solo adornado por millones de puntos blancos que me llenan de ganas para seguir soportando a la gigantesca ola.

Ya es de noche, la ola se ha dormido y yo miro las estrellas. Ella no lo sabe, pero me he enamorado. Gracias a sus embates por borrarme de la tierra he sido moldeado, he cambiado y soy ahora más resistente.


Mañana vendrá a intentar desaparecerme y yo estaré allí, resistiendo y tratando de decirle: detente, si trataras de entenderme, tú y yo podríamos ser algo más que enemigos.

12 oct. 2016

...Muchos hombres necesitamos lo que tiene Deyna Castellanos...


Siempre he pensado que las mujeres son el motor del universo, sin ellas los hombres fuéramos prácticamente inútiles en muchos sentidos y estaríamos totalmente solos en este planeta azul, sin ir tan lejos, ya nos habríamos extinguido.

Las mujeres tienen belleza, temple, un sexto sentido que parece el procesador de una máquina, su tolerancia al dolor es única - sí, tan solo la capacidad para soportar dar a luz, es algo de otro mundo - y son increíblemente inteligentes para saber aprovechar esos lugares del cerebro que para nosotros los hombres a veces permanecen inexplorados.

He pensado mucho sobre esto en los últimos días luego de ver a Deyna Castellanos, la futbolista venezolana que ha puesto de cabeza a más de un equipo en el Mundial de Fútbol Femenino Sub-17. Al ver su estrategia de juego, su ritmo arrollador y como revienta las redes del contrario, debo admitir que Deyna es un claro ejemplo de que en algunas oportunidades los hombres somos unos inservibles.

Demás está decir que esta dama ha puesto en tela de juicio lo que hace la Vinotinto masculina, un equipo que, aunque muchos no quieran admitirlo, tiene que volver a nacer completamente para poder llegar algún día a jugar como lo hace la estrella del equipo femenino.

No quiero ahondar en temas deportivos, porque no soy especialista en ello. Solo debo afirmar, como escribí hace muchos años, que todos los hombres tienen una mujer interna
Y hoy, más que nunca, muchos de los que nos consideramos machos – me incluyo – deberíamos tomar el ejemplo de Deyna y desear tener al menos un poquito de esa gran mujer venezolana, porque con esa energía y esas ganas muchas cosas podrían cambiar por estas tierras. 

25 sept. 2016

...Drop the gun: Tres palabras que significan la muerte en Estados Unidos...

NBC
Estados Unidos sigue siendo el país más poderoso del planeta. Su Gobierno es influyente, tiene el aparato de inteligencia para mover los hilos de otras naciones, genera cambios en otras “democracias” con tan solo una llamada telefónica y aún muchos lo ven como el lugar en el que ser rico, famoso o absolutamente feliz es posible.

En mi opinión esto es una realidad para todos los que estamos fuera de ese territorio marcado por la Estatua de la Libertad, los maravillosos discursos de Barack Obama y Mickey Mouse; sin embargo, para los que están allí dentro esto tal vez no sea verdaderamente cierto. Hay un sector de la sociedad estadounidense que aún sufre por las consecuencias de ese sueño: los afroamericanos.

Los titulares vuelven a colocar en el centro del debate la tragedia que causa la brutalidad policial: Keith Lamont Scott, un afroamericano residente en Charlotte, Carolina del Norte, murió tiroteado por un policía “negro” en circunstancias poco claras.

De acuerdo a los reportes de la policía, un grupo de funcionarios atendía una llamada cerca a donde estaba Scott cuando lo avistaron en actitud sospechosa dentro de su vehículo. El oficial que le disparó, quien para ese momento vestía de civil, declaró que el “sospechoso” tenía en sus manos un arma y además estaba preparando un joint de marihuana.

La defensa de la familia, se ha encargado de desmentir el parte oficial. Aseguran que Scott sufría de una lesión traumática en el cerebro, estaba leyendo un libro en el momento de los disparos y no representaba ninguna amenaza para nadie.

Hasta ahora todo se ha convertido en una guerra de opiniones y también en una batalla campal en la calle, la ciudadanía se ha mantenido en protestas en las calles reclamando por una justicia que al parecer no ampara a los afroamericanos desarmados.

BrianBlanco/GettyImages - Mic 
Aunque  el de Scott es uno de los casos más mediáticos de los últimos meses, en otros estados se han reportado tiroteos por parte de policías en contra de jóvenes afroamericanos que simplemente tenían en sus manos una pistola de juguete.

El sistema judicial estadounidense aparentemente está corroído, no distingue entre buenos y malos, y mientras se da un intercambio de videos e imágenes para darle la razón a uno u otro bando, muchos sufren y esperan que la verdad salga algún día a la luz.

No sé si valga la pena hacerle caso a la policía, soltar las armas (drop the gun) o simplemente que los afroamericanos sigan luchando por sus derechos, por un trato igualitario y que en algún momento se cumpla el sueño de aquel grupo de Selma que siguió Martin Luther King hasta sus últimos días.