04/02/2012

...Asimétrico...

Que aburrido sería que tu cuerpo fuera perfecto; si nada fuera sorpresa para mí. Sería tan fastidioso que tus ojos fueran totalmente redondos, que tu nariz se ajustara perfectamente al tamaño de tu cara, que tus senos fueran redondos como la circunferencia trazada por un compás en tu pecho o que tus piernas estuvieran tan bien torneadas como esas esculturas de las que tan orgulloso debió estar Miguel Angel Buonarroti.

Te digo todo esto porque la simetría no existe en los seres humanos, la naturaleza nos hizo asimétricos para convertirnos en algo perfecto, creo que de ese modo podemos adaptarnos a nuestros defectos; no solo físicos sino de pensamiento; de este modo es más divertido aceptar nuestros cuerpos y todo lo que esconden.

Solo espero que te mantengas así, dedícate a ser imperfecta que yo por mi parte procuraré aprenderte a querer así para que te conviertas en algo perfecto.

31/01/2012

...Con los cinco sentidos...

En esta oportunidad te escribo con mil preguntas en la cabeza, no puedo negarte que el efecto que causas en mi es contradictorio; unos días pienso que eres tan bella como una de esas mujeres imposibles de alcanzar y en otras oportunidades me pareces horrorosa; creo que de eso se trata una relación; una serie de cuestionamientos y dudas que te llevan a un solo fin: tolerar los defectos, descubrir los detalles y alcanzar un todo, esa unión de elementos que desaten la pasión, la locura, la cordura y finalmente el amor.
Por eso que causas en mi, me he llegado a preguntar si podría llegar a quererte e incluso si pudiera tener tu permiso para tener la dicha de amarte, así como se aman un hombre y una mujer; no solo con el cuerpo sino con los cinco sentidos.

Primero quisiera enamorarme a través de la mirada, porque es cierto lo que muchos dicen que el enamoramiento empieza por los ojos; tu sencillez, el color de tu piel, el negro de tu cabello, hasta tu cuerpo un poco pasado de peso me resultan atractivos y fueron los primeros detalles que me lograron capturar. Por eso, aunque no lo sepas, siempre que tengo la oportunidad trato de desviar mi mirada hacia ti; para detallarte y decirte, si es que tengo la valentía, ¡que arreglada estás hoy!.

Después quiero llenarme de tu olor, esa suave fragancia que siempre tienes pegada a tu cuerpo. No sé como describirla: ¿un jardín, una montaña, una selva o un bosque?, me gustaría saber qué aroma es ese que me hace imaginar millones de cosas perfectas, ese aroma que traslada mi mente a un lugar feliz y al que solo quisiera ir contigo, con más nadie, solo tú y yo.

¿Y qué me dices de conquistarnos con el oído?... sí, lo sé; casi nunca tenemos la oportunidad de hablarnos y además yo soy un mudo irremediable, a través de mi escritura es que realmente sé cómo decir las cosas. Si pudiera, y tuviera el valor de dirigirte la palabra, te invitaría a sentarte junto a mi para contarte todos mis sueños, mis logros, mis temores, mi pasado, mi presente y mi futuro, incluso mis locuras podrían llegar a tus oídos para que me entendieras un poco más.

Para conocerte con el resto de los sentidos, sí necesitaría que me dieras al menos un chance. Escasamente he tenido la oportunidad de tocarte, me cuesta besarte en la mejilla y muy poco puedo estar cerca de ti. Sin embargo, por lo que he visto, tu piel debe ser muy suave, tu cuerpo debe ser divertido de palpar y tus rincones deben guardar mil y un secretos que están esperando para ser descubiertos por mis manos.
Luego me gustaría saborearte, no como un plato de pasta, o un caramelo o un refresco; quisiera probarte con un beso en los labios. Sin embargo, ya me estoy adelantando demasiado a la realidad y para cumplir con esto primero debo lograr conquistarte y que te des cuenta que nada es un juego, que simplemente, quiero tener la oportunidad de disfrutar lo que eres y de lo que muchos no se dan cuenta.

11/01/2012

...Juego del Destino...

Uno de mis mayores temores se materializó esta noche. Mientras me veía al espejo, logré observar a mi verdadero yo.

Mi cara estaba totalmente deforme; una cicatriz cubría mi boca, mis ojos eran dos huecos profundos, mis pómulos estaban desgarrados y parte de mi cabello no estaba. Mis dientes eran inexistentes y mis orejas, al parecer, habían sido arrancadas. Todo era una imagen de piel chamuscada.

Quise gritar aterrorizado, pero nada salía de mis cuerdas vocales. Busqué la manera de expresarme, pero mi lengua estaba cortada por la mitad. Pensé que todo era una mala pasada, un espejismo; traté de tocar mi cara con mis manos y mi piel se despedazaba como las escamas del cuerpo de un pez.

Golpee el espejo buscando desaparecer mi imagen pero fue peor, sentía que aún mi deformidad estaba allí. Por ello, decidí acabar con mi vida. Tomé un gran trozo del vidrio que hice pedazos, lo coloqué cerca de mi cuello, lo hundí en mis venas y lo giré de lado a lado. Poco a poco la sangre fluyó, comencé a ahogarme con ese liquido espeso y morí.

Al día siguiente encontraron mi cadáver, lo único a mi alrededor era un espejo roto y, la causa de mi muerte, un gran corte en mi yugular. Mi cara estaba perfecta, el miedo me había engañado haciéndome ver a los demonios que habitaban en mi ser, todo fue el resultado de un juego macabro del destino.

07/01/2012

...En la faz de la tierra...


La tarde comenzaba a caer mientras el mar lentamente se tragaba aquella bola de fuego que cada día se levantaba sobre la tierra. Mientras tanto, ella estaba sentada a la orilla de la playa. Sus pies jugueteaban con el agua, su cuerpo estaba enrojecido por el sol y su mente, al parecer, se hundía poco a poco como lo estaba haciendo el sol en el océano.

Las olas que besaban la arena salpicaban sus dedos. Las gotas de agua salada parecían niños tímidos, se deslizaban por sus uñas lentamente sin tocar la piel, corrían poco a poco hasta caer al suelo. La chica estaba sumida en sus pensamientos, al fin se había vuelto a ver con su amante y se dio cuenta que no era lo suficientemente fuerte para dejarlo a un lado; ¿mala señal?, tal vez sí, tal vez no. 

El sonido del mar la relajaba, a pesar de ser como un rugido de un león dormido, siempre le causaba la sensación de estar metida dentro de una ola: sumergida en el agua, dejándose llevar por la corriente. Se levantó de su sitio y echó a andar a través de la playa. Como una bebe aprendiendo a caminar observaba todo en el suelo, miraba las conchas de caracoles, las piedras que brillaban con tonos rosa y los granos de arena, ¿cuántos habrán se preguntó?, tal vez miles de miles de millones solo en esa orilla.

Ya era de noche cuando seguía caminando, el sonido del agua era más fuerte y el astro rey fue reemplazado por una bola de nieve: la luna llena coronaba el cielo acompañada por pequeños pellizcos de luz, las estrellas que le daban un manto de diamantes a la playa. La chica se sintió maravillada por el paisaje, todo era perfecto y sus pensamientos estaban calmados, finalmente lo entendió todo.

La playa la ayudó a ordenar sus ideas y logró darse cuenta que, no era dependencia, sino que quería a su amante pero no podía decirlo, tendría que llevarse el secreto consigo. Así se decidió y comenzó a caminar al agua, poco a poco se fue sumergiendo hasta que no quedó nada de ella en la faz de la tierra. Simplemente el recuerdo de lo que un día fue y nunca más encontró. 

25/12/2011

....En tu ciudad...

Esa Noche Buena estaba pensando en la posibilidad de buscarla, tal vez por acercarse el fin de año ella deseara retomar un sentimiento que consideraba perdido pero que, sin embargo, tenía guardado en algún lugar de su cuerpo.

Comencé a escribir una carta en una hoja pequeña de papel y a medida que la pluma iba corriendo, la idea se iba perdiendo porque tenía miedo que me rechazara, que no acudiera a mi encuentro.

Al final arrugué la página, dejé la pluma a un lado y deseché todo en el bote de basura; hoy he decidido rescatar el mensaje que decía algo así:

"La próxima semana estaré en tu ciudad, ese lugar en donde pasaron tantas cosas y que podría servir como escenario para un nuevo comienzo. 
Llámame y tal vez podamos compartir un atardecer, un cena o simplemente hablar de esas cosas que debemos hablar y que a veces hasta creemos que solo pueden salir en el diván...</br>

Piénsalo y me avisas"....



16/12/2011

...La otra orilla...

Estoy cansado, agotado y aturdido por las olas que golpean mi cuerpo desnudo. Floto boca arriba observando el cielo, las estrellas y la luna que se refleja en el agua; la negrura de la noche me recuerda la existencia de un universo infinito, vasto e indómito.

Este océano, al que he tratado de dominar por un año exacto, al parecer me ha ganado la pelea. Sus corrientes salvajes evitan que llegue a la otra orilla, a esa orilla donde la felicidad me espera y donde al fin podré descansar.

Durante mi lucha en estas aguas feroces me he topado con obstáculos, y otras veces me encuentro con recuerdos: unos pequeños que me sirven de tabla flotadora y otros tan grandes como un barco para navegar.

Nada es fácil en este mar, los remolinos son fuertes y me atrapan, me hunden y me llenan los pulmones de agua salada; grito, gimo y me sumerjo, creo morir pero pienso en la otra orilla y vuelvo a salir a flote.

Los tiburones también me ven como carnada, sus aletas hacen una danza dantesca a mi alrededor mientras esperan a que me rinda, ellos son los carroñeros que zurcan las aguas esperando por comida. Mientras tanto, sigo flotando (...), quisiera hundirme de una vez por todas y dejarme ahogar por este mar, un mar al que me lancé hace un año pensando que me abriría sus puertas, dejándose dominar, sin embargo, no ha sido fácil nadarlo, creo que no me dejará llegar a mi meta, mi objetivo; la otra orilla.

Ya es hora, cierro los ojos y escucho los tiburones, sus aletas me golpean, sus dientes brillan en la noche y mis extremidades comienzan a ser arrancadas, mi sangre tiñe de un rojo vinotinto el agua de este mar. Trozo a trozo me convierto en alimento de estos animales, finalmente he muerto y si alguien me estaba esperando en la otra orilla, nunca lo sabré.

08/12/2011

...El niño que nunca nacería...

La noche estaba fría en la ciudad. Unas pocas personas caminaban por el puente que cruzaba el río; mientras, observaban una maravillosa ilusión óptica causada por el reflejo de la luna: parecía haber dos cielos llenos de estrellas; uno arriba y el otro cubriendo el agua.

En uno de los extremos del camino estaba esa chica exótica; cabello oscuro como la noche, jeans desgastados por el uso, unos converse plateados y una chaqueta casual; sin duda su estilo captaba la atención del que se le atravesara.

Por eso me fijé en ella al cruzar la vía para irme a casa a descansar, pensé en una rápida excusa para intercambiar palabras y me acerqué: - ¿Fumas? -, le pregunté mientras hacia un ademan acercandome dos dedos a los labios.

La chica me vio sorprendida, no sé si por miedo o por haberla sacado de sus cavilaciones, - No, no fumo. Eso mata los pulmones -. Su respuesta me pareció sincera, no como esos comentarios acartonados sacados de una propaganda mal hecha para combatir el vicio de fumar y le respondí al instante: - que bueno, yo tampoco (...), solo quería romper el hielo-, al parecer mi comentario le gustó y me devolvió una sonrisa.
Con eso nos bastó para charlar de cosas triviales: el clima, cosas de nuestros respectivos empleos, la política, los problemas del planeta; en fin, se nos fueron unas dos horas y al darnos cuenta ya estábamos en mi piso: un apartamento pequeño y acogedor.

Allí la desnudé poco a poco para descubrir que no era nada atractiva. Piel blanca, senos pequeños con areolas color café, un vientre abultado seguramente por cenas fuera de hora, caderas anchas y piernas torneadas; como dije, no era atractiva pero el color de su cuerpo me encantó.

La besé lentamente de arriba a abajo, juguetee con sus pies y mi lengua, después batallé con sus curvas y finalmente atrapé sus labios entre los míos. Ella solo recibía caricias, parecía extasiada al verme con esos grandes ojos con los que rato atrás me había observado al momento en que le pedí un cigarrillo.

Poco a poco la fui haciendo mía, hurgué todas sus profundidades - ombligo, orejas, boca, pubis - hasta el cansancio. Al final caí en cuenta en que se parecía a ella, a mi examor, y me sentí engañado por el destino; no podía haber dos mujeres iguales. Por eso al momento del clímax, mientras éramos uno solo la tomé por el cuello y comencé a apretar fuertemente.

Me miró aterrorizada mientras su vida se escapaba a través de mis manos, allí en ese momento murió en mi lecho; la maté y también di vida porque, jamás lo supe, pero unos minutos después de que su cuerpo fuera una masa inerte, mi semilla recorrió el vientre de esa chica muerta y se convirtió en mi primogenito; el niño que nunca nacería.