29/03/2013

...¿Me prefieres mudo?...


Quisiera hablar, pero no sé qué decir 
buscar estrategias discretas 
para que no descubras que sé mentir 

Quisiera hablar, mantenerme presente 
como el atractivo y el simpático 
o ese chico que no sale de tu mente 

Quisiera hablar, soltar las palabras 
dejar de escribir cosas fútiles 
y así por mi te interesaras 

Quisiera hablar, dejar lo rudo 
decir que te quiero 
o es que, ¿me prefieres mudo?

24/03/2013

...Vuelve de Constantino Cavafis...

Hace mucho tiempo (incluso podría decir que en otra vida) escuché los poemas de Constantino Cavafis, conocí a Ítaca, lugar a donde viajé para descubrir que todo está en la fuerza de las palabras y sin ellas, todo resulta tan vacío y simple, como una casa cuando es dejada tras una mudanza.

Esta imagen siempre me ha impresionado, la soledad y la energía que transmiten las cuatro paredes de un hogar cuando son abandonadas por todos los objetos y las personas. Creo que sería interesante poder conservar la pertenencia de una propiedad. Poder visitarla, recorrer los lugares llenos de recuerdos y ver los mismos rincones donde se vivieron tantas cosas. Tener ese derecho a colmar ese deseo de sentir nuevamente lo vivido. Palpar con las manos los espacios que ahora resultan tan insípidos, pero que en su momento eran nuestra rutina diaria, el techo que nos ofrecía comodidad y confort sobre todo en las noches. Poder poseer la memoria suficiente para vivir en ese espacio, lo que nunca más será vivido.

Hoy recordé y quise que muchas cosas volvieran.

Vuelve

Vuelve con frecuencia y tómame, 
 amada sensación, vuelve y tómame 
cuando la memoria del cuerpo se despierta, 
 y el viejo deseo corre otra vez por la sangre;
 cuando los labios y la piel recuerdan, 
 y las manos sienten como si tocasen otra vez. 

Vuelve con frecuencia y tómame en la noche, 
 cuando los labios y la piel recuerdan...

15/03/2013

...Chávez Eterno: Una despedida que no es suficiente...

Foto: El Nacional
La cola donde estaba Santiago se perdía en el horizonte, bordeando edificios y los monolitos del Paseo Los Próceres como una serpiente roja, que por el sol que se estaba levantando a esa hora, se tornaba en un anaranjado brillante. El murmullo de todos los presentes era uno solo, ¡Debemos llegar para darle el adiós al Comandante, Chávez vive, la lucha sigue!, esas palabras eran el único empuje que habían tenido desde dos días atrás cuando se enteraron de una fatídica noticia que nunca habían esperado recibir; la muerte del líder que había cambiado la historia de América Latina y del mundo en general. 

Santiago había estado ocho horas en la fila, que con un ritmo constante avanzaba a su destino para satisfacer la curiosidad de algunos y darle paz al corazón de la mayoría de venezolanos, que solo conocían a Hugo Chávez como Comandante. A media mañana, la peregrinación de gente de todo tipo continuaba. Los niños se bajaban de los brazos de sus madres para tomar agua, corretear por las cercanías y preguntar: ¿Cuándo lo veremos?, a lo que todos le respondían; ¡Pronto podrás saludarlo!. 

Mientras caminaban, veían que a su lado pasaban gran cantidad de personas que ya habían llegado a ver al Comandante; en sus caras se veía paz, quietud e irradiaban una extraña sensación de tranquilidad por haberse despedido del héroe que le dio a Bolívar, la representatividad que antaño había quedado olvidada por 40 años de traición a la patria. 

Al mediodía, el sol calentaba el ambiente y Santiago tuvo que salirse de la fila para tomar un poco de aire. A su lado, una anciana lloraba desconsoladamente como si hubiera perdido un hijo, ¡Se nos fue Hugo, se fue el que me lo dio todo, a mis nietos y a toda Venezuela!. La señora apretaba fuertemente una bandera, una boina roja y la Constitución, ese libro que el Comandante había enseñado a adorar. Santiago la ayudó a levantarse, ¡Vamos juntos a saludarlo!. 

La anciana se ayudó en Santiago para levantarse y caminar junto a él durante lo que faltaba de recorrido. Ya entrada la noche, para amainar el cansancio unos lugares más atrás de la fila, un cuatro y un tambor amenizaban el ambiente, ¡Los que mueren por la vida, no pueden llamarse muertos, y a partir de este momento, está prohibido llorarlos!, era la canción entonada por todos los que no perdían el deseo de ver al Comandante. 

El murmullo del amanecer ahora era un himno que acompañaba a los cantores, ¡Chávez vive, la lucha sigue!. Entre todos comentaban lo que Chávez había hecho por Venezuela y el mundo; ¡A mi me dio mi casita, me sacó del barrio!, dijo una muchacha con un niño cargado en sus brazos, vestido con uniforme militar y una boina tricolor. ¡A mi hermano lo curaron en Cuba de su enfermedad, ahora está estudiando en la Misión Ribas!, dijo una mujer que, a pesar de las ojeras por el cansancio, no paraba de sonreír. ¡Yo sé leer y escribir!, gritó un niño que le haló los pantalones a Santiago, para que se diera cuenta que estaba a su lado. 

Cuando estaban cerca del majestuoso edificio de la Academia Militar, un aplauso general resonó en el lugar. Santiago y su compañera, iban juntos observando a los militares apostados en el lugar, las cámaras de los medios de comunicación que no habían parado de transmitir todo el homenaje al líder venezolano y las lágrimas que corrían por las mejillas de algunos. 

Eran pasadas las 12 de la noche cuando entraron a la Capilla Ardiente. El ambiente era de paz, de igualdad y de amor. Santiago se aferró al brazo de la anciana, pensó que caería de rodillas al ver el féretro de Chávez. Caminó lentamente y solo pudo observarlo unos segundos para darle el saludo militar. La compañera de Santiago tomó la bandera, la boina y se la dio a uno de los guardias que estaban allí, ¡Por favor, hazla llegar a alguien que necesite fuerzas!. 

Salían del lugar cuando la señora le dijo a Santiago, con una sonrisa dibujada en su rostro; ¡nunca será suficiente esta despedida, el Comandante será eterno entre todos nosotros!.

07/03/2013

La muerte del "Cristo de los Pobres"

Fuente: La Patilla / AFP

Pienso que mucho se ha dicho de la muerte del "Cristo de los Pobres", "líder de América Latina", "Libertador del siglo XXI", "Arañero de Sabaneta" o simplemente como todos aprendimos a conocerlo el 2 de febrero de 1999; Presidente de la República de Venezuela; Hugo Rafael Chávez Frías. 

Finalmente y como le pasará a cualquiera que pisa esta tierra; porque para morirse solo hay que estar vivo; Chávez pasó a mejor vida como consecuencia de un cáncer que en su momento fue el secreto más guardado del Gobierno venezolano y hasta el día de hoy, poco se conoce de cómo apareció; dónde o al menos un parte médico oficial de verdad. 

Todos estos detalles ya son harto conocidos y no hay que redundar en ellos. El quid del asunto es que Chávez murió porque así es la vida y desde mi punto de vista; lo merecía como le tocó a Stalin el 5 de marzo de 1953, a Lina Ron el 5 de marzo de 2011 y tal vez a mi o alguno de ustedes algún 5 de marzo.

Pueden llorarlo como si fuera su propio padre, odiarlo como si fuera el propio diablo, borrarlo de su memoria como un mal recuerdo o solo quedarse callados, la única condición que pido es que piensen en la transición que viene y olvídense que el chavismo desaparecerá, América Latina no olvida y dudo que Venezuela lo haga. 

Solo visualicemos un futuro no muy lejano con un Chávez implantado en la conciencia de la gente como una idea que aún está naciendo y que lamentablemente, descalabró a una fracción opositora que tiene para cambiar el rumbo de la nación lo que yo tengo de escritor, así que mejor lo dejo hasta acá y a Chávez sembrado donde está, 

Paz a su cuerpo

21/02/2013

...Rock Réquiem para una relación fallecida...


La mañana de ese martes desperté repitiendo en mi cabeza la melodía de “The Unforgiven II” de Metallica. Mientras me cepillaba, miraba mi reflejo demacrado en el espejo y mis ojeras por no haber dormido bien, el efecto de la resaca también hacía mella en mi y reproducía en mi pensamiento esas palabras fatídicas “ella no me ama o me ama todavía, pero nunca me amará otra vez”. 

Terminé de desperezarme cuando buscaba la ropa en mi armario. Unos jeans, una franela y zapatos deportivos eran el mejor atuendo para la ocasión. Cuando estaba cercano a salir de mi cuarto, ella se me acercó y me dio un beso, algo había cambiado en su actitud y lo notaba; su mirada era fría y seca. Me pregunté, como lo hizo Rise Against en “Everchanging” si nuevamente “estaba siendo parte de algo que pensé que nunca terminaría, pero por supuesto, al final lo hizo”. Quise decirle que nuestro destino estaba escrito, "que las líneas se han dibujado y que este sentimiento (el amor) ya viene y va entre nosotros". 

Me despedí y salí a la calle para irme a mi trabajo. Viendo las calles, la gente, los carros, el ruido, todo formando parte “del mundo que conozco. Me senté un momento a solas para pensar si toda la bondad se había ido, esperando que aún permaneciera algo de eso” en la sociedad (“The World I Know” de Collective Soul”), realmente estaba deprimido. 

En muchas oportunidades había pensado en el suicidio. Cuando estaba ya en el trabajo lo contemplé nuevamente, todo se había perdido “y ahora no hay manera de volver a atrás, oh no, esos días han pasado” (Victoria´s Secret de Sonata Arctica). Pensaba en esa chica, la que me estaba esperando en mi casa, resignada a vivir conmigo por compromiso y que día a día estaba tentada a dejarme. 

Al llegar de la oficina, la casa estaba vacía. Mi amor estaba en la calle, tal vez paseando o tomando aire fresco. Busqué el teléfono, luego de marcar y al esperar su voz, solo pude escuchar su voz seca en la contestadora automática y me limité a preguntarle, como lo hizo Axl Rose en “November Rain" de Guns and Roses, "¿necesitas tiempo para ti misma?, ¿necesitas algún tiempo completamente sola?, sabes, todos necesitamos tiempo completamente solos" y colgué. 

La soledad es una mala consejera. La espera hizo que comenzara a reprocharle su actitud, la ambivalencia hacia ella crecía y sentía que la amaba pero la odiaba a la vez. “Y pensar que tú no eras así, tú yo que va...Y pensar que ya no puedo dormir" (“Uñas Asesinas" de Zapato 3), al final tuve que refrescarme y comencé a beber unas cuantas cervezas. 

Mi chica llegó a la mañana siguiente y me encontró totalmente ebrio, reemplacé el dormir por la bebida. La contradicción de emociones había desaparecido para convertirse en certeza, en ese momento la odiaba. Le grité mientras destrozaba una botella contra la pared, preso de rabia como Kurt Cobain cuando versionó la canción de “Where Did You Sleep Last Night”, "mi chica, mi chica, ¿dónde dormiste anoche?", mientras yo temblaba de frío en mi cama. Me respondió que durmió en casa de una amiga, su confesora que le había aconsejado que me dejara, que se liberara de sus frustraciones y buscara algo mejor. 

Esas palabras me enardecieron. Tomé su cuello entre mis manos, ella luchó para defenderse y vi terror en sus ojos, incluso logró hacerme daño en las costillas pero eso no me detuvo. "Muere, muere mi querida, no pronuncies ni una palabra, muere, muere querida mía, cierra tu linda boca". La tomé entre mis brazos, la lancé en la cama y continué asfixiandola, golpeándola con todas mis fuerzas. 

"Te veré en el infierno, te veré otra vez, oh nena no me llores, tu futuro está en una caja alargada...” ("Die, Die my Darling" de The Misfits). Cinco minutos después todo había terminado y se ratificaba lo que había pensado la mañana anterior, ¡no, ella nunca me amará otra vez!.

17/02/2013

...Por qué te quiero...



A veces no entiendo por qué te quiero 
Y busco la manera de aguantarte 
Te digo que eres mi amor, mi cielo 
Y no me canso de besarte 

A veces no entiendo por qué te quiero 
Si es por tu voz chillona, tus ojos saltones 
Y sin embargo siento que muero 
Cuando se unen nuestros corazones 

A veces no entiendo por qué te quiero 
Si todo nos resulta tan distinto
Aunque junto a tu lado me elevo… 

A veces no entiendo por qué te quiero

26/01/2013

...Algo hermoso...

Hoy al despertar quise matar algo hermoso. Ella, como siempre, dormía a mi lado. Sus ojos cerrados, su pecho bailando al ritmo de su respiración, sus pequeños labios carnosos y sus orejitas tapadas por su cabello que caía en sus hombros, realmente era bella. 

Quise desnudarla para poder observarla mejor, pero cambié de idea. Pensé en nuestros problemas maritales, en las infidelidades, en las noches de sexo desenfrenado, en las peleas, en el futuro que se vislumbraba demasiado complicado para los dos; tal vez, al quitarle la vida le estaría haciendo un favor. 

Mis manos se deslizaron por sus piernas, debajo de su ropa interior y sentí su temperatura corporal por última vez. Ella se movió un poco, pero no despertó. La besé en la mejilla y puse mis dos manos sobre su cuello. Poco a poco fui ejerciendo presión, no quería matarla con una almohada porque esa simple idea era demasiado cliché. 

Luego de unos minutos presionando, ella comenzó a moverse incontrolablemente, sus manos se movían y su pecho comenzó a levantarse al vaivén de su respiración entrecortada. Cuando finalmente, sentí que algo en su traquea se había roto, abrió sus ojos para mirarme fijamente y morir. 
Sí, realmente era bella, había sacrificado a lo que realmente amaba y yo, ya podría estar tranquilo. Me paré de la cama e inicié mi día, ya todo era mejor ahora.