II

Caminaron juntos unos metros, el hombre tambaleandose a los lados y tal vez con la mente nublada por el alcohol y el cazador observando con cautela todo a su paso detallando cada centímetro del borracho para así trazar un buen plan de muerte.

Así que el asesino no esperó mas, y aprovechando que su víctima había aminorado la marcha se le acercó de manera sigilosa por detrás y cuando esta volteó desprevenida, solo alcanzó a ver como una pistola brillante a la luz de la Luna le golpeaba justo en la sien, para dejarlo inconsciente mientras un rostro desconocido sonreía en esa noche oscura.

Al despertar se sentía levemente aletargado, sus músculos estaban rígidos y sus ojos cansados, no sabía cuanto tiempo había estado durmiendo ni donde estaba.
Luego de unos minutos logró reaccionar y vio a un hombre justo al frente de él sentado en un catre, con una sonrisa casi infantil mientras le apuntaba con la misma pistola, que horas antes lo había golpeado, y que esta vez lo señalaba como si fuera una diana humana.

La habitación estaba oscura pero logró distinguir una pequeña ventana totalmente sellada con tablones de madera desvencijados y clavados de manera salvaje y feroz, a través de los cuales se filtraban algunos rayos de sol, así que adivinó que ya había amanecido.
También en un rincón estaba una pequeña mesa que al parecer luchaba por mantenerse en pie y el catre donde estaba aquel hombre de mediana estatura, cabello sumamente corto, piel café y vestido de negro totalmente.

¿Te gusta el arte?, preguntó el asesino a su víctima, viéndolo directamente a los ojos y apenas moviendo los labios, - ¿de qué hablas? Le respondió, un poco atontado por la pregunta que no estaba esperando para ese momento.

El hombre que aún seguía jugando con la pistola, soltó una carcajada que retumbó en toda la habitación y dejó un eco vacío, para luego darle paso de nuevo al sonido de una voz seca, - seré mas especifico -, le dijo; -¿Conoces el trabajo de Leonardo da Vinci?

Todavía la víctima no había entendido a que venía el interrogatorio, le parecía que aquel hombre de mirada fría y aspecto de loco, estaba jugando con él, -en estos momentos tengo mucho alcohol recorriendo mis venas, además el golpe que me diste no me deja pensar; creo que recuerdo a la Mona Lisa -, respondió, tratando de no pensar de más y contestar algo razonable.

- Muy bien -, la Gioconda de da Vinci, una hermosa mujer con una sonrisa que a muchos a través de los años le ha parecido un completo misterio. El cazador se acercó y lo olfateo, - ya veo que el alcohol no te ha dejado tan mal -.

Bueno hay otra obra de Leonardo que es muy famosa y que la mayoría de la gente culta y no tan culta ha visto al menos una vez en su vida, y hoy te he escogido para que seas una representación viviente de ella, y el flash de una cámara destelló en toda la habitación.

En efecto, la presa no se había dado cuenta pero estaba amarrado con gruesas correas a una rueda de metal de considerable tamaño, sus brazos y piernas estaban extendidos con cierto ángulo, y su cuerpo desnudo atado por la cintura a la armazón: era el Hombre de Vitruvio.

Al caer en cuenta trató de safarze pero no lo logró, -no insistas, me preocupé en atarte muy bien- dijo el hombre que ya se encontraba caminando por toda la habitación; y luego después de unos minutos de silencio le dijo;
-Hoy estudiaremos la anatomía humana y su resistencia al dolor-...