Los días en aquella ciudad habían cambiado drásticamente. Todos los medios de comunicación pertenecían al Estado, y uno en particular perdió su G amarilla para convertirse en una R roja acompañada por la os y el martillo.

El día en Revolución TV comenzaba con el himno nacional de manera inusual. La imagen de un señor barbudo con un habano cohiba entre los labios coronaba la pantalla. Luego continuaban las notas del “Gloria al bravo pueblo”, mientras se veía una cronología de la vida del máximo líder del socialismo del siglo XXI.

Con un “patria socialista o muerte, venceremos”, se daba inicio a la programación. Así corría la mañana, con un transcurrir de documentales acerca de la vida de los héroes y próceres de la historia revolucionaria.

Los pistoleros del Puente Llaguno, el grupo de venezolanos que protestó en Fuerte Tiuna por el regreso del Presidente, el cacique Guaicaipuro, Manuela Sáenz y muchos otros enaltecían la pantalla.

Minutos antes del mediodía comenzaba la ronda informativa. El ministro para la Comunicación, un gordo de barba canosa y una gorra verde oliva, era el ancla del noticiero. Las bondades de la distribución alimentaria, los avances constantes en la aprobación de leyes sin consulta en la Asamblea Nacional y otros “logros” del Gobierno eran el pico de lanza.

Tras una hora de transmisión, el ministro llamaba al máximo líder para que le dejara un pensamiento a la ciudadanía, generalmente relacionado con el tema principal del día. Al cerrar, se emitían de nuevo las notas del himno, pero esta vez con las imágenes del Libertador en primer plano.

La tarde transcurría más tranquila para los televidentes. La historia de la resistencia indígena en dibujos animados entretenía a los más pequeños de la casa por dos horas, y después pasaban otra comiquita, pero esta vez de “El Chávez”, un personaje sin igual amado por todos los revolucionarios.

Ya en la noche, a pesar de ser considerado una especie de vicio, se colocaban en la parrilla de programación las telenovelas para las amas de casa. “Las mujeres de la revolución” narraba el papel de las féminas en el proceso político que vivía el país. El amor y otros sentimientos se reflejaban en el guión.

Para finalizar las transmisiones volvía a sonar el himno, pero esta vez, cantado por el propio mandatario supremo, quien con su uniforme al mejor estilo de la época independentista afirmaba, “Mientras yo mande, la burguesía no volverá”.