¿Por qué no me hablas?, le preguntó mientras esperaban un taxi para comenzar el día.

Ambos estaban sentados en la parada más cercana a su casa. La gente comenzaba a rodearlos, los automóviles iniciaban su correr diario de acá para allá, y de allá para acá, escoltados por autobuses que transportaban más smog, ruido y desorden que pasajeros.

Él, meditando ante aquella pregunta, observaba el sol que ya comenzaba a nacer detrás del horizonte y practicamente lo estaba dejando ciego tapado por una cortina de color naranja, casi morado.

Sin mirarla, le explicó el porqué de su silencio.

"Sabes que anoche, al llegar de nuestras actividades y después de hacer todo lo rutinario del hogar - que a veces resulta muy pequeño, pero que todos los días me parece acogedor - estaba demasiado estresado, lleno de pensamientos tristes y un peso que no se me ha ido en años.

Sin embargo, cuando pasé al baño para lavarme la cara, te vi sobre la cama y de repente mi vida, justo en ese momento, tuvo ese amanecer que he estado esperando desde hace mucho tiempo, tan solo verte me cambió el ánimo y me inyectó alegría.

Estabas acostada, tu cara de cansancio te había quitado varios años de juventud y simplemente jugabas sin razón alguna con tu teléfono, quise llenarte de besos en ese mismo instante pero me detuve para detallarte mejor, disfrutar de ese milagro de Dios. 

Tu cuerpo solo estaba tapado por dos diminutas prendas intimas de color negro,  típico en ti. Aunque a medida que te observaba, tú pedías que te dejara de ver porque estabas gorda, a mí me parecías perfecta. 

Las curvas de tu trasero, tu vientre, tu espalda coronada por algunos lunares, y tus senos que juguetones se habían casi escapado del brassiere, iluminaban el lugar. Parecías una escultura de Miguel Ángel, para recorrerla de arriba a abajo y de abajo hacia arriba. 

Cada una de tus colinas albergaban un poquito de mis fantasías, de mis deseos y de mis sueños dorados, en tu cuerpo podría perderme para luego descubrirme nuevamente de las formas más tiernas, menos pensadas y más salvajes. 

Me impresionaron tus formas, tu cara y toda tú, estabas como recién salida de una película en la que eras protagonista y en la que te adueñabas de todo, de mis ojos, de mis pensamientos, de mis ideas, de mi futuro y de mi pasado. 

Quise guardar ese momento, saqué mi móvil para tomarte una foto y conservarlo para la eternidad. Cuando traté de enfocarte, para hacer clic a la cámara, ya no estabas. Te busqué por toda la habitación, dentro del closet, en el aroma de mi ropa, en la de tus prendas que dejaste atrás, incluso debajo de la cama, pero ya te habías ido.

Di un paso atrás, cerré la puerta y volví a mi rutina".

Él, mientras se montaba en el taxi vio el banco desolado donde había estado esperando por más de una hora, y recordó que allí, en ese lugar se habían mirado con deseo por primera vez y por razones del destino, en ese mismo sitio ella había tomado un autobús para desaparecer de su vida y nunca más buscarlo, hablarle o tratar de encontrarlo.