Daniel, en sus últimas noches ha tenido un sueño bastante recurrente. Logra verse junto a ella echados en un jardín solitario, rodeados de hermosas flores que adornan el ambiente con su aroma y las hojas de los árboles bailando al compás de la suave brisa que sopla.

Los dos están recostados viendo el cielo azul totalmente despejado, ofreciendo uno de esos paisajes que parecen manipulados por computadora, ni una sola nube y un brillo único, mientras que ella juguetea con su pelo y él deja reposar su cabeza sobre su vientre para sentir el vaivén de su respiración.

Mientras están conversando, el decide abordarla y besarla lentamente, primero el vientre, para luego ir subiendo y besarle cada rincón de su cuerpo, el cuello, los labios, mientras las manos están palpando la cintura y las caderas y las curvas que ellas ofrecen, el juego continua… Y súbitamente, Daniel despierta sudoroso y frió, sintiendo que por su cuerpo corre un deseo acumulado y que simplemente todo fue una fantasía y que realmente esta solo en su cama, agobiado por una noche obscura y silenciosa, alejado de esa chica de sus sueños.