I

Él ya tenía días sin verla y luego de mucho insistir, ella accedió a conseguir un hueco en su apretada agenda para encontrarse y compartir un momento juntos. Mientras se preparaba para ir a su encuentro, él hurgo en su ropero para encontrar una camisa un poco ajustada y unos jeans desteñidos y un poco rotos, que le daban ese toque de rebeldía y presencia que tanto le gustaban a su novia. Al haber finalizado de colocarse la ropa, y para completar ese rito que desde hace mas de 5 meses practicaba antes de salir a verla, se colocó en diversos lugares de su anatomía uno de los tantos perfumes que hacían presencia en su gabinete.
Al llegar al lugar del encuentro, ella ya lo estaba esperando, como siempre vestida de manera sencilla con unos jeans y una pequeña blusa naranja, la cual picaramente se subía un poco cuando se movía al compas de sus pasos, para mostrar un pedasito de vientre y cintura que hacían que algunos ojos se desviaran a ese lugar de su cuerpo; a todo esto se le sumaba una pequeña cartera de esas que son usadas hoy por casi todas las féminas y un sweater rosado porque según ella, "uno nunca sabe cuando hará frió".
Se miraron y luego de un tímido beso que junto sus labios, se abrazaron con fuerza, él para sentir que de nuevo estaba a salvo amarrado a su cintura y ella para sentirse protegida por los brazos de ese ser especial. Continuaron su camino, para sentarse en un lugarcito bastante sencillo para almorzar y ponerse al corriente de todas las cosas que habían pasado en los días anteriores, hablaron desde el clima que azotaba a la ciudad en ese momento hasta los malentendidos que habían ocurrido y que habían hecho peligrar la relación. Al finalizar de comer, y ya mas relajados por haber intercambiado esas palabras que tanto les hacían falta, decidieron sentarse en una plaza para reposar un poco mientras veían a la gente pasar, obsevar las hojas de los árboles caer, escuchar el sonido de las aves al pasar, y mientras tanto aprovechaban para regalarse miradas, caricias y besos pícaros que a ella la hacían erizar.
Mientras los juegos se hacían cada vez mas pícaros y las manos de él comenzaban a acariciar el vientre de la chica, él hecho presa de deseo no pudo evitar decirle:
- Sabes, me hacías bastante falta y no se si sea una locura de mi parte, pero mataría por tenerte ahorita en algún lugar mas privado para recorrer tu cuerpo entero y sentir el roce de tu piel entre mis dedos -, a lo que ella con una mirada complice respondió:
- Si?, y que me harías si no tuvieras toda esta ropa de por medio? -, mientras que su boca se hacia con el lobulo de su oreja para darle un mordisco jugueton, tal cual una cachorra juguetona.
Él logró safarze del mordisco, para luego lograr articular entre dientes, - primero que todo, retiraría esa blusa naranja, aunque no puedo negar que te queda bastante bien allí donde esta -, palabras que la hicieron sonrojarse, - y luego pasaría a besarte todo tu pecho y recorrería, con mis manos y lengua, desde la frontera de tu monte de Venus hasta tu vientre.
Luego de oír todo esto, ella hizo un comentario que él no esperaba para ese momento, - y por qué me trajiste para esta plaza entonces?, ya deberíamos estar en algún lugar jugueteando un poquito -. Él sin mediar palabras, la tomó de la mano y así emprendieron su camino hacia un lugar mas privado.


II


Tras cerrar la puerta de la habitación, él la tomo por la cintura y la atrajo hacia sí con fuerza para propinarle un beso apasionado y desgarrador, que desató una verdadera batalla entre sus bocas y sus lenguas, mientras que sus manos actuaban como la caballería de apoyo en esa guerra y atizaban con caricias el conflicto de pasión que se había iniciado entre sus cuerpos.
La blusa que momentos antes había sido admirada y elogiada por él, yacía ya en el piso mientras continuaban abrazados y unidos aparentemente por una extraña fuerza parecida a la de dos magnetos de diferentes polaridades, mientras que ella estaba siendo arrinconada contra una pared recibiendo suaves mordiscos, besos y caricias por todo su vientre, cuello y pechos, los cuales se hacían acreedores de una trato especial debido a que los dos sabían que ese eran un punto débil de la anatomía de la chica.
Mientras todo esto ocurría, sus ropas terminaron de salir para quedar tiradas en algún lugar y así ellos quedar mas cómodos con tan solo algunas prendas, que un rato después pensaba él, serian completamente innecesarias. Después de unos minutos sumidos en esa guerra corporal, él la tomó con decisión y la llevó a la cama, donde procedió a desnudarla completamente para admirar ese cuerpo que tanto le gustaba, pero que según ella "estaba lleno de defectos y detalles que deberían desaparecer de su piel", y sin mas, pasar a besarla completamente, absorviendo el calor que emanaba de sus poros, la dulzura y tersura de sus pechos, la humedad de su monte de Venus y los sonidos que ya ella emitía a consecuencia del estado de placer al que estaba siendo sometida.
Sin pensarlo y mientras él besaba su cuello, ella logró articular esas tres palabras que desde hace tiempo estaba pensando decirle, - Quiero ser tuya -, a lo cual él le respondió con un tierno beso en los labios para relajarla, tranquilizarla y así sin mas ni más, la tomo por la cintura para unir sus cuerpos y sentir como pasaban a ser uno solo, compartiendo caricias, movimientos, sonidos y una respiración acelerada pero extrañamente acompasada al ritmo de sus caderas.
Ella sentía que había tocado el cielo y se repetía en la mente, "definitivamente, nada se equipara con este momento", mientras su chico la tomaba fuertemente por la cintura y ella hacia lo mismo amarrandolo con sus piernas para sentirlo mas profudamente, y así sumidos en una danza de pieles se sintieron desfallecer al alcanzar el punto máximo del climax que desde hace tiempo deseaban alcanzar al momento de tener sus cuerpos unidos.
Al terminar ese rito carnal, se besaron nuevamente pero esta vez de manera diferente, ya el deseo se había ido para darle paso a un cariño y a una relajación inigualable que hacía que los besos fueran tiernos y sinceros. Luego de esto, él alcanzó a decirle, - Sabes que realmente te quiero, y te considero actualmente la única que me puede satisfacer en todos los sentidos -, así sin mas la beso en la frente, mientras ella se acurrucaba en su pecho para dormir un rato y descansar, mientras su chico jugueteaba con su pelo...



III


Al despertar, se dio cuenta de que estaba siendo observada, con ese tipo de miradas que suelen ser complices y penetrantes, todo su cuerpo estaba siendo escaneado por él, quien estaba sentado en una ventana fumando un cigarrillo y completamente sumido en sus pensamientos y en el panorama que la anatomía de la chica le estaba ofreciendo. Para terminarse de despertar, ella procedió a estirarse y dar vueltas por la cama como una gatica, y mientras hacia esto, alcanzó a decirle: - Lo que acaba de suceder en esta cama, nunca lo podré olvidar -, y le lanzó un beso que rayaba entre lo pícaro y lo gracioso. El cuerpo de la chica se sentía mas relajado, y de cierta manera mas cómodo, luego de haber sido invadido y conquistado por aquel hombre que ella tanto había deseado, pero al que nunca se había atrevido a complacer por temor a que una relación carnal llegara a dañar todo aquello que habían construido en base a sentimientos y buenos gestos, sin necesidad de llegar al deseo de los cuerpos.
Aquel cigarrillo que hace segundos atrás estaba siendo aspirado por él, ya yacía en uno de los tantos ceniceros de la habitación y el chico ya estaba de nuevo en la cama junto a su chica, propinandole caricias y muchos mas besos, jugueteo que para él era de suma importancia ya que "toda danza de pieles debe acabar con un buen cierre". Ella deseaba quedarse allí junto a él, tan solo alimentandose de sus cuerpos y disfrutando de cada rincón de su anatomía, pero ya era hora de retirarse del lugar y continuar con esa rutina diaria que según ellos estaba matando la relación, debido a que les estaba quitando todo el tiempo que necesitaban para compartir ínfimos momentos de calidad y felicidad como al principio de todo, cuando eran capaces de pasar horas tan solo sentados en una plaza hablándose con los ojos, jugando a contarse cosas echados en la grama de cualquier jardín o simplemente en algún lugar sin hacer relativamente nada, ritual que según ellos, es seguido generalmente por dos personas que realmente están enamoradas y que sienten que el centro del planeta son ellos dos.
- Sabes?, a veces siento que a pesar que la pasamos maravillosamente juntos al vernos, hay algo que se esta perdiendo -, le dijo viéndola a los ojos ya con unos gestos mas serio y una mirada un poco nostálgica y triste.
- Si, lo se, muchas cosas han sucedido pero no te preocupes, todo esto son etapas y situaciones que sirven para aprender y fortalecer nuestra relación; ya pasará, lo prometo -, y así
sin mas lo besó en los labios y le regalo un tierno abrazo como aquel que se habían regalado al encontrarse nuevamente.
Salieron de la habitación, y tras cerrar la puerta con un golpe sordo, entendieron que aquel momento que habían pasado juntos nunca jamas se volvería a repetir y que esa tormenta de pasiones y roce de cuerpos que hace pocas horas había acaecido tan solo quedaría grabado en sus mentes y en los recuerdos de esa habitación oscura que sirvió de complice y testigo de un encuentro entre dos seres que se amaban profundamente pero que para ese momento de sus vidas, el destino los estaba obligando a separarse para continuar con sus metas y luego reencontrarse en el camino para terminar de vivir juntos para siempre y hacer todas esas cosas que siempre habían soñado.