Ella se consideraba una mujer bastante contradictoria, a pesar de querer ser buena y tener una relación normal, siempre terminaba convirtiéndose en una “mujer mortífera”, eligiendo por capricho al que se le atravesara en el camino como si de un objeto se tratara, para luego enamorarlo, seducirlo, manipularlo y así obtener el tan ansiado amor, sin importar el costo o lo que su futura pareja deseara.

Se valía de diversas estrategias, y al contrario de las féminas mortíferas de las historias que usaban el sexo para conseguir sus objetivos, para ella no era necesario, debido a que sabía usar en un momento determinado las palabras precisas para endulzar al hombre que le interesaba y hacerlo caer en sus redes y en la vorágine de una nueva relación.
En combinación con las palabras bonitas, también ocurría en ella una metamorfosis, para adaptarse a su nueva presa y así establecer bases para lo que ella, podía llegar a convertirse en algo “bonito” y lleno de sentimientos, sin darse cuenta que esto era un arma de doble filo, porque el amor no se escoge o se selecciona como un juguete, si no que se deja fluir como el agua de un manantial para recorrer un camino.

Pero casi nunca resultaba así, y a pesar de escoger minuciosamente su objetivo, y planear la línea de acontecimientos, las relaciones le resultaban un fracaso, empujándola de nuevo a salir de caza y convertirse de nuevo, en una mujer tentadora y peligrosa para capturar a un nuevo incauto y dejar atrás la imagen que había adoptado en la relación pasada…