El reciente anuncio del Presidente Hugo Chávez de poner a disposición del pueblo soberano la cédula del Buen Vivir ha generado un sin número de opiniones, los de rojo aseguran que será un instrumento para mejorarles la calidad de vida y los de la supuesta Unidad, alegan que esta tarjeta es un elemento más para acercarnos al castro-comunismo fracasado de Cuba, augurando que se convertirá en la libreta de racionamiento cubana.

Esta guerra enfrascada en el funcionamiento o no de ese instrumento, pareciera evidenciar nuevamente que los venezolanos, como la mayoría de los pueblos latinoamericanos, carecen de memoria para recordar los ofrecimientos de los distintos personajes políticos que aparecen en vísperas electorales buscando captar votos.

Cabe recordar que en las pasadas elecciones presidenciales, el otrora gobernador del Zulia, Manuel Rosales y ahora líder político venezolano que vive en Perú, ofreció también durante su campaña una tarjeta apodada “Mi Negra”, para a través de ella hacerle llegar a los 26 millones de venezolanos una parte de los ingresos petroleros del país y así redistribuir de manera equitativa el dinero que debería ser de todos.

Al final no se pudo conocer si efectivamente la Negra iba a servir o no, porque el gobernador no obtuvo los votos necesarios y tras un sinfín de problemas tuvo que refugiarse en otras fronteras como lo hace un verdadero líder, la tarjeta quedó olvidada por los políticos que quedaron en el país y pasó a formar parte de la caja de recuerdos de unos cuantos que lograron tener una Negra en sus manos.

Ahora que apareció la Cédula del Buen Vivir, que al parecer permitirá que el pueblo compre los productos a través de una cuenta de nomina en el Banco de Venezuela hasta Rosales pegó el grito al cielo alegando que la tarjeta era una mala copia de “Mi Negra”, ratificando nuevamente que al final los políticos venezolanos son, coloquialmente hablando, harina del mismo costal.

Imagen de la tarjeta "Mi Negra" y la Cédula del Buen Vivir