"Me debes una conversación", le dijo mientras la observaba frente al fregadero y se alejaba de su lectura. A pesar de estar haciendo labores, ella se veía hermosa con su cabello perfectamente peinado y un tocado de una rosa amarilla para sujetarlo. 

Mientras tanto él mantenía su mirada fija en esa mujer enigmática que casi nunca se atrevía a mirarlo directamente; siempre denotaba estar pendiente de otra cosa más interesante. A pesar de tener palabras pendientes, ambos se mantuvieron callados y hablaron, cuando pudieron, de tonterías. 

Le preguntó por su fin de semana, le alabó su cabello y sus galletas que horneó en casa y así, aprovechó los dos minutos casuales con ella. Sin embargo por otro lado, estuvo pensando en besarla y decirle que habían errores necesarios que cometer, que en algunas ocasiones era obligatorio decir cosas que no se correspondían con las acciones y un montón de excusas más que le parecieron inútiles.  

Pero todo fue al contrario, ella se despidió, cruzó la puerta y se marchó. "Me debes una conversa", pensó él mientras volvía su libro.