A veces cuando estoy deprimido quiero matar gente. Imagino que soy Amon Goeth en la ventana de mi casa. Un rifle en mis manos, un cigarro de quién sabe qué y comienzo a disparar. La señora que va caminando, ni imagina que en unos segundos sus sesos decorarán el asfalto. Disparo. Su cuerpo choca contra el suelo con una fuerza magistral. 

Un yuppie que pasa trotando, se nota que está en forma. Primero le disparo en la pierna, puedo oler su miedo. Ahora le doy el tiro de gracia, deja de sufrir. Doy una bocanada al cigarro que reposa en mi ventana. Nadie se da cuenta de lo que ocurre. 

Una anciana asomada a la ventana. La saludo. Me saluda. Le disparo, su cuerpo cae hacia el limbo. Pasa un perro al lado del cadáver del joven, olfatea, mueve la cola y sigue su camino. Un carro se detiene. El conductor se baja con un móvil en su mano, tal vez está llamando a la policía. Le disparo en la espalda, en la cabeza, en las piernas, tres balas certeras, pero ya ha sido muy tarde, escucho las sirenas de la patrulla. 

Me voy al sofá. Coloco el arma entre mis piernas, fumo de nuevo. Cuento hasta tres. Uno. Dos. Tres. El metrallazo destruye mi cara y mi cuerpo se impulsa hacia atrás como si fuera de goma, todo ha acabado.