El tiempo es el mayor enemigo de la memoria, pasa tan rápido que cada día atenta contra los recuerdos más valiosos que guardamos.

Aún pienso en aquel día de hace 10 años, cuando medio atontado por una resaca de la noche anterior recibí una llamada con la mala noticia de que habías tenido un accidente, yo pensé que no era grave, pero me dijeron que te podías morir.

Efectivamente, eso ocurrió. Pasaste a mejor vida, dejaste a tu familia, a tus amigos y conocidos extrañándote porque aún eras muy joven, con un futuro por delante y un cúmulo de cosas por hacer.

Aunque una década parece demasiado tiempo,se me ha pasado volando y aún recuerdo todo perfectamente. Hoy, ese grupo de amigos que fuimos en la universidad y que estuvo madrugadas enteras haciendo tareas, está desperdigado por el mundo. Una está en Bogotá, dos están en España y así han hecho su vida.

Yo, sigo aquí en la tierra que nos vio nacer. He formado mi nucleo familiar, tengo casa, tengo auto, tengo gato, tengo pareja, casi que ya soy un señor. Me pregunto qué habría sido de ti si aún estuvieras por acá, probablemente también te habrías ido a otro país a hacer tu vida y ya seríamos un par de desconocidos.

Pero como eso no fue lo que pasó, puedo decir que fue una dicha conocerte y tenerte como un amigo de esos que hoy cuento con los dedos del puño. Sé que no he sido un buen camarada, te pido perdón por no haber ido más a visitarte en tu morada, pero ahora vivo lejos de Caracas y hasta me he olvidado de darle una vuelta a mi papá.

Pero tranquilo, te visito mentalmente al recordar aquellos días en que tomabamos cerveza al salir de la universidad, escuchabamos música a todo volumen cuando me dabas la cola a mi casa y esos días que pasamos tomándole fotos a Vicky para una tarea de la universidad.

Son 10 años que no han pasado en vano, muchas cosas han cambiado y sé que más temprano que tarde nos veremos otra vez.