montaña rusa- sexo


Mis pasos eran lentos, quería disfrutar de la ciudad mientras las luces se reflejaban en cada uno de los carros que pasaban a mi lado.


Las vitrinas de la calle parecían portales a otro universo, las miraba soñando con una vida que no era para mí. Lujos, mujeres bellas y todo el dinero del mundo deslizándose entre mis dedos como gotas de agua.

Unos metros más adelante iba ella, enfundada con un sweater naranja que parecía brillar, unas botas militares desamarradas y una falda negra que marcaba su trasero, sus piernas y su cintura que me recordaba a un tirabuzón mortal en una montaña rusa sexual.

A medida que caminaba, su cuerpo parecía flotar y sus caderas bailaban al son de la música que la aislaba de todo, por ello nunca pudo saber que yo la seguía.

Cuando giraba la llave para pasar al portal de su edificio, la tuve más cerca de lo que había pensado y su olor a hembra, me embriagó de tal forma que quise tenerla para mí. El golpe seco que le di bajo la nuca cumplió su cometido, la arrastré inconsciente y subí hacia su apartamento con ella en mis brazos.

La llevé a la cama, la até y lentamente descubrí sus secretos. Debajo del sweater naranja había dos senos perfectos, cubiertos tres líneas de encaje negro que contrastaban perfecto con su piel.

La falda ocultaba una ropa interior a juego con el encaje, abultada justo en la entrepierna que alborotaba la imaginación al pensar en unos labios suaves, húmedos y carnosos. Mientras despertaba del golpe, aproveché para conocer su casa, su vida a través de sus fotos y soñar que yo era el hombre con la que ella tenía sexo alocado.

Abrió sus ojos emitiendo unos gemidos suaves, que luego de unos minutos se convirtieron en gritos de auxilio. Acudí a ella, saqué el cuchillo que guardaba bajo mi abrigo y le corté la garganta, la sangre me excitaba tanto que no pude evitar arrancarle la ropa interior y penetrarla con rabia, con fuerza y con un amor infinito, con el placer de hacerla sentir viva mientras moría lentamente.