La vida se trata de aprovechar las oportunidades, bien lo decía Robin Williams en el Club de los Poetas Muertos, cuando conminaba a sus estudiantes a vivir el momento, a dar un paso al frente cuando se le presentara la opción de hacer algo placentero.


El problema es que a medida que crecemos, nos dejamos dominar por el miedo y una profunda atadura a recriminaciones de carácter social que finalmente no convierten en un reflejo de lo que verdaderamente somos.

Parece increíble, que en medio de tanta globalización, redes sociales y tecnología, aún exista gente que no se atreve a decir las cosas tal como son, simplemente para no salirse de lo que es el deber ser.

Te miran extraño si dices que la religión es un mecanismo de lavado cerebral, te recriminan si piensas que ciertas drogas deben ser legalizadas o si crees que la música puede llegar a ser más universal que personajes famosos como Martin Luther King.

La vida hay que vivirla, no niego que a veces hay que seguir ciertas reglas, pero ¿qué sería de nosotros si no nos atreviéramos a romper esas mismas ataduras en pro de crecer, progresar y formarnos nuestro propio juicio?