Nuevamente estoy acá, como desde hace 2 meses, recibiendo una terapia que me ayude a comprender mi mente y mi cuerpo.

Las pequeñas agujas que tengo en mis pies, brazos, cuello, pecho y cabeza no me causan dolor, al contrario de lo que muchos piensan, me relajan. La música que suena al fondo transporta mi mente, son sonidos que me hacen pensar en África, China, el Tibet o cualquier lugar magnifico del planeta.

Miro alrededor, el cuarto está vacío, pero puedo sentir tu presencia. Sentada a mi lado, me observas con esos pequeños ojos negros, tomas mi mano y creo que al verme "agujereado" sientes que estoy pasando por un dolor inexistente.

Tranquila, no pasa nada, tal vez me esté volviendo un poco loco pero creo que en esos momentos escucho tu voz. Me preguntas por mi día a día, por la universidad, el trabajo, en fin, tenemos una conversación agradable.

Puedo percibir tu aroma, tus curvas, tu respiración, hasta el latir de tu corazón. Aunque no lo creas, me sigues acompañando en momentos tan ínfimos como estos donde me encuentro en una cama tratando de recuperar esas cosas que perdí y que al parecer, jamás regresaran.