Nada es eterno en la vida, incluso el verdadero amor tiene fecha de vencimiento. Esto te lo digo porque uno de tus mayores miedos era la posibilidad de que yo muriera joven, siempre me decías que incluso serías capaz de dejarme en libertad para luego evitarte el sufrimiento de que yo padeciera una enfermedad terminal y quedaras sola.

Al final por cuestiones impredecibles hemos quedado solos, cada uno con caminos por recorrer y tal vez con la ínfima posibilidad de volver a estar juntos en un momento u otro, porque el destino es así, un titiritero que juega con las personas al separarlas y unirlas de nuevo el día menos pensado.

Sin embargo, para capear lo inevitable del olvido, es que escribo tantas cosas en este blog, de alguna manera u otra te regalo cinco minutos de mi persona, sentimientos, ideas y sueños. Espero que al leer cada uno de mis post, tu imaginación logre volar para permitirte ver reflejadas en tu mente cada una de las cosas que escribo.

Esa es la razón por las que me dedico a las letras, porque no estamos hechos para durar. Por eso quisiera que un día lejano puedas todavía leerme, recordar cada uno de los momentos que nos regalamos y tal vez, solo si la vida lo permite, aquellos que aún nos quedan por darnos.